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Seguramente Dalí nunca imaginó que la gente podría vestir sus cuadros, pero afortunadamente es un hecho real que ayuda a inmortalizar la obra del autor. Una calavera en blanco y negro, curiosamente armada por un juego de encaje de siete cuerpos femeninos. Los trazos del tatuaje son increiblemente reales, las sombras aplicadas, los detalles de la columna vertebral y los omóplatos dan la sensación de estar viendo una foto de la obra original.

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